Alberto Alcocer

Los propietarios querían vivir en Madrid sin añorar Manhattan. Descubir las vigas, el ladrillo, las roza, los dinteles, las imperfecciones… Todo estaba allí. Sólo había que ponerlo en valor.

La escalera se diseñó para ser, más que una escalera o una estantería, una escultura por la que trepar.